domingo, 8 de noviembre de 2009

Caí, de vuelta caí. Que estúpida que soy. Me odio y ahora más que antes. Odio todo lo que hago y dejo de hacer. Lo sabía. Sabía que todo esto iba a pasar, tarde o temprano, sabía que no me amabas como yo si lo hacía y sabía que nunca iba a pasar. Y si me preguntan si sos igual al anterior, respondería con un “no” seguro y rotundo. Por una simple razón: él se hizo odiar y NUNCA lo amé, vos lográs que simplemente me quede con lo bueno de vos, que solo te ame. Y sé que después de sentirme así, no hay vuelta atrás. Ya no podríamos ser amigos. Te di todo de mí. Ya no tengo mucho por entregar. Estoy totalmente vacía por dentro. Muerta en vida. Lloro pensando en todo lo que te di y evidentemente recibiste y en lo que te ofrecí, y rechazaste. Te pido perdón, por haber malinterpretado la relación que llevábamos. Perdón por entrar en tu vida, por intentar satisfacer el hueco que decías existía en tu vida. Lamento no poder. Gracias (o eso creo) por hacerme sentir tan bien, nadie lo hizo en mucho tiempo, nadie logró hacer que me sienta completa por más poco que durase. Vos lo lograste. No necesitaba fingir. Pero nada de lo que yo creo perfecto dura. Es más, lo perfecto en mi vida, no consta de sentido alguno, no existe. Vos sos perfecto, tenía que perderte. No quería perderte. Pensar que quería darte lo que podía y lo que no podía también. Intent quererte, con tus reglas, a tu medida, siempre pensando en tu bien. Quizás, todo esto fue un asunto de mala suerte, quizás conocerte fue un error o quizás fue el único acierto en lo que va de mi corta vida. Un acierto que me dio felicidad y solo hoy, sólo por hoy me hace mal.