El sacrificio de San Valentín tuvo que ver con el ardid que instrumentó el emperador Claudio II para tener mas guerreros con los cuales mantener su imperio por entonces en decadencia: prohibir los matrimonios porque los soldados jóvenes recién casados se negaban a tomar las armas.
La prohibición entró a regir en el año 270 y la pena para quien infringiera la norma era, sin más, la pena de muerte.
Para sortear ese inconveniente y conmovido por el real amor de las parejas imposibilitadas de contraer enlace ante la medida, Valentín comenzó entonces a casar en secreto.
El ritual que imponía la ceremonia marital consistía en una flor blanca que le regalaba a la contrayente como símbolo de la pureza y fidelidad, lo que con el correr de los años dio origen al ramillete que usan las novias en los casamientos. Pero Valentín, fue descubierto y sentenciado a tres penas sucesivas: azotes, piedras y finalmente decapitación. Entre una y otra sentencia fue a dar con sus huesos al calabozo donde conoció a Julia, una joven ciega, hija del carcelero Asterio, de la cual, se dice, Valentín se enamoró.
La leyenda señala que el obispo la convirtió al cristianismo y que obró un milagro: Julia pudo ver. Después que Valentín murió, en agradecimiento, la muchacha plantó cerca de su tumba un almendro de flores rosadas, símbolo de amor y amistad.
El santo fue ejecutado el 14 de febrero de 271 y enterrado dos veces: primero, en lo que hoy es el templo de Práxedes, en Roma; y luego, en la iglesia de San Antón, Madrid, hacia donde ese día peregrinan hoy jóvenes de toda Europa para pedirle milagros amorosos.
La prohibición entró a regir en el año 270 y la pena para quien infringiera la norma era, sin más, la pena de muerte.
Para sortear ese inconveniente y conmovido por el real amor de las parejas imposibilitadas de contraer enlace ante la medida, Valentín comenzó entonces a casar en secreto.
El ritual que imponía la ceremonia marital consistía en una flor blanca que le regalaba a la contrayente como símbolo de la pureza y fidelidad, lo que con el correr de los años dio origen al ramillete que usan las novias en los casamientos. Pero Valentín, fue descubierto y sentenciado a tres penas sucesivas: azotes, piedras y finalmente decapitación. Entre una y otra sentencia fue a dar con sus huesos al calabozo donde conoció a Julia, una joven ciega, hija del carcelero Asterio, de la cual, se dice, Valentín se enamoró.
La leyenda señala que el obispo la convirtió al cristianismo y que obró un milagro: Julia pudo ver. Después que Valentín murió, en agradecimiento, la muchacha plantó cerca de su tumba un almendro de flores rosadas, símbolo de amor y amistad.
El santo fue ejecutado el 14 de febrero de 271 y enterrado dos veces: primero, en lo que hoy es el templo de Práxedes, en Roma; y luego, en la iglesia de San Antón, Madrid, hacia donde ese día peregrinan hoy jóvenes de toda Europa para pedirle milagros amorosos.