Tan solo una vez vio sus ojos, eso bastó para sentir que la conocía desde siempre, que cada parte de su ser le pertenecía y que nunca olvidaría ese momento.
Mucho tiempo ha pasado y estos amantes nunca más volvieron a cruzarse, pero en ningún momento dejaron de pensar en el otro y en ese encuentro casual que cambió el rumbo de sus vidas.
Él la recordaba en cada mañana, cada tarde, cada noche en que oía su nombre, en que se aparecía frente a sus ojos la sonrisa que ella le regaló; la extrañaba, ansiaba verla y sentirla cerca de él otra vez, donde no vuelvan a separarse. Pero rápidamente caía a la realidad y sabía que nunca podría estar con ella, porque el deber lo llamaba, y tenía obligaciones que cumplir: debía estar con otra, una fría mujer que no le despertaba ninguna clase de sentimiento. Cada vez que la miraba a los ojos, veía a su amada, e intentaba imaginarse una vida distinta a su lado.
Varias veces prometieron verse, pero él siempre se retractaba, no se permitía a si mismo ser feliz, poder sentirse pleno aunque sea en sólo una ocasión, y que desde ahí decida el destino.
Esta joven, no conseguía pensar en nadie más, todos sus momentos se los dedicaba al hombre de sus sueños, ese que desde un primer momento la obnubiló y la enamoró completamente. Ella ya sabía que este amor nunca podría concretarse, y tal vez eso es lo que más le atraía, lo prohibido, irreal, efímero, lo utópico de seguir fabricando una ilusión con ese hombre que sólo una vez vio. Era difícil olvidar ese momento, ya que se dio de una forma tan inesperada y sin pretender que pase nada más, que posiblemente eso fue lo que más los unió: el hecho de conocerse sin mostrar máscaras y ser ellos mismos.
Ella ya no soportaba el dolor, quería verlo, sentirse en sus besos, sus brazos, sus caricias, pero intentaba ser fuerte y seguir esperando.
El tiempo seguía transcurriendo, y ella llegó a la conclusión de que era en vano seguir aguardando algo que nunca llegaría, y con el mayor dolor decidió intentar borrarlo de su vida; no era fácil, debido a que, cuando las cosas comenzaban a acomodarse, él siempre aparecía, y hacía que todos los sentimientos de esta joven resurjan y provocaban que se ilusione nuevamente, se encontraba suspendida en el aire, con sus mariposas, corazones y demás cursilerías femeninas; rápidamente una nueva caída la esperaba, se preguntaba por qué era tan difícil dejar de sentir todo eso. Pero un día, luego de una pelea, tomó la gran determinación, eligió borrarlo.
Los días, quienes antes volaban, ahora eran interminables, cuanto más deseaba olvidarlo, más lo recordaba junto con los momentos que “irrealmente” compartieron; lágrimas se deslizaban por su rostro y desembocaban en su almohada.
Una noche, ella cruzó a alguien, cuando vio sus ojos creyó conocerlos, y sintió la paz que le hacía falta, y desde aquí todo comenzó otra vez, con una diferencia, él la valoraba, quería, y cuidaba.
Después de un tiempo, recibió un mensaje de su antiguo amor, ella lo miró con nostalgia, pero eligió quedarse como estaba, por primera vez, escogió lo que le dictaba su cabeza, pensando que cuando siguió a su corazón siempre salió lastimada. Él siempre se arrepintió de haber dejado pasar su gran oportunidad de ser feliz, pero ya era demasiado tarde.
Juliett A.